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Templo de espectaculares dimensiones
en relación con la importancia de la localidad en el momento
de su construcción.
En este diáfano templo de tres naves a la misma
altura se acentúan las connotaciones castellanas, cambiándose
el orden corintio oscense por el dórico y estabilizándose
considerablemente los pilares.
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La construcción de su capilla mayor es un ejemplo
interesante de la compleja interrelación entre los modelos
gótico y renacentista de la primera mitad del Quinientos,
ya que aunque en principio se proyecta en estilo clasicista por
Rodrigo de Gibaja en 1538, la necesidad de una ampliación
inmediata hace que los canteros de la obra tengan que paralizarla,
y entonces lo hagan dentro del sistema que conocían: el gótico.
En su interior destaca el busto titular de la iglesia,
obra de José de Mora, espléndida escultura en madera
en la que quedan magistralmente unidas la profunda y dramática
expresividad del rostro con la extraordinaria calidad técnica
de las formas. También existen otras interesantes muestras
de imaginería y restablos pertenecientes a la escuela murciana
de la primera mitad del siglo XVIII, concretamente al círculo
de artífices lorquinos que igualmente trabajan en Huéscar.
Aquí sobresale el retablo mayor y una pequeña Inmaculada
del taller de Salzillo.
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