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El edificio más emblemático de la ciudad oscense
es la Colegiata de Santa María la Mayor. Templo omnipotente
debido a sus dimensiones catedralícias de estilo Gótico-Renacentista
de principios del siglo XVI.
Se produce en ella una interesantísima simbiosis de elementos
de procedencia toledana y de su maestro mayor,
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| Alonso
de Covarrubias "sobre todo en la decoración exterior de
su cabecera" y andaluza, como su interior corintio de tres naves
a la misma altura. Esta evidente y magistral convivencia de influenias
y la magnitud de la obra lleva a pensar en la planificación
directa de los grandes maestros de las distintas escuelas arquitectónicas
del Renacimiento.
Este templo oscense aúna en su secuencia constructiva
toda una serie de factores y elementos de primera categoría.
Sus primeras intervenciones, a principios del siglo XVI, se adecuan
a la actuación del maestro toledano Enrique Egas y a la del
artífice Jacobo Florentín, a los que se les atribuye
la pared gótica fundamentalmente la preciosa portada de la
Sacristía Vieja.
En interior de la iglesia alberga intervenciones y
objetos de una calidad contrastada como puede ser la bóveda
gótica oculta por la cabecera siloesca en forma de concha,
la portada isabelina de la Sacristía Vieja, la bóveda
plateresca del interior de ésta o el coro barroco de afilición
a la escultura murciano-lorquina del siglo XVIII. Esto sin hacer
referencia a las obras destruidas en la Guerra Civil, entre las
que destacaban el retablo Mayor realizado por Díaz de Ribero
y el altar de la Dolorosa, obra de Salcillo.
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